martes, 16 de agosto de 2011

PREGÓN, 12 de Agosto de 2011

12 de Agosto de 2011, si un día esperado por muchos de nosotros. Parece que fue ayer cuando en aquella carrera de la mujer, voces en el aire gritaban sin cesar “Pablo Pregonero”.

Pues ese día llegó, ese día en el que muchos pensábamos que sería inolvidable, único y especial y que así fue, ya que ser pregonero de tu tierra, tu ciudad, de la feria de Málaga no es algo que ocurra todos los días y menos que con la edad de 22 años tenga la suerte de realizar este papel rodeado del calor de las personas que lo seguimos, apoyamos y que siempre será visto por todos nosotros como una persona de carne y hueso, como él a veces a mencionado.

La Malagueta era testigo, de ese día. Desde por la mañana ya habíamos parte de la familia allí, parte de nosotros decidimos irnos a la aventura porque no podíamos estar en nuestras casas y perdernos este gran día y compartir este sueño con su protagonista.
A lo largo del día iba llegando parte de la familia de todos los puntos de Andalucía y no Andalucía y en el que íbamos conociendo a más miembros de la familia.

Semanas antes, los post de los miembros de la Familia se revolucionaban anunciando que ese día llegaba, contando los días para volver a vernos y encontrarnos en una nueva cola para luego tener la recompensa; Su música y su trabajo en directo rodeado de su banda que entre todos realizan un magnífico trabajo.

Durante el día, el sol reflejaba nuestras pieles picando y lo cual hacia muchísima calor, pero no importaba teníamos el agua para refrescarnos, nos teníamos a nosotros para hacernos reír, cantar y liarla para que las horas se hicieran más corta y hacer que ese momento del concierto llegase lo más pronto posible.

Pudimos ser testigo, de tan cerca de esa prueba de sonido, si esa prueba de sonido la cual siempre se realiza en cada concierto, pero esta vez era especial los nervios corrían a flor de piel tanto de los que estábamos debajo del escenario como de los que estaban encima, ya que quedaba poco para el gran momento, para ese pregón. Ese pregón en el que Pablo salió con fuerza, en el que las miradas de tantas personas, en esa playa llamada La Malagueta, se llenaban de lágrimas de emoción, de decir ya llegó ese momento, de entre todos compartir esa tierra, Málaga que salia embellecida de las palabras nacidas del corazón de Pablo, personal mente ese momento no tiene nombre solo había que vivirlo para contarlo, fue espectacular.

Tras el pregón, como no podía faltar esos fuegos artificiales que destacaban en el cielo durante 20 minutos, el como ver en el agua el reflejo de barcos de familias observando ese momento cerca de la orilla, la luna era presente de todo aquello y como las miles de personas con sus pies sobre la arena esperando ya ese concierto.

Ese concierto en el que los globos verdes y morados no podían faltar, en el que los papeles de colores como en cada conciertos era presente de nuevo de ese volver a empezar. Tampoco podían faltar carteles en el aire con palabras de amor y cariño hacia Pablo.

Pablo fue acompañado en Perdoname por Vanesa Martín, preciosa canción en el que se pudo observar existían una complicidad profesional en lo alto del escenario y en el que el orgullo malagueño representaba ese momento, una vez más.

Fue un conjunto de todo, lo que hizo que esa noche fuese mágica, especial e inolvidable para los presentes.

Desde aquí decir estas palabras, es que Pablo una vez más gracias por compartir tu trabajo con nosotros, que las cosas no pasan por casualidad porque todo es fruto de tu trabajo, que somos uno y una multitud y que espero que tus metas y fines se sigan cumpliendo y en los cuales seguiremos apoyandote en cada uno de ello porque esto es para siempre.


  Aquí os dejo algunos vídeos de esa noche


Palabras del Pregón.


Solo puedo empezar este pregón dando las gracias a Málaga. Soy un chico que a los trece años pudo cumplir el sueño de dedicarse a la música. Desde entonces aún me cuesta creer las cosas maravillosas que me están pasando, que tienen siempre el influjo de Málaga en su trasfondo. Soy todavía muy joven, quizás demasiado joven para dar un pregón, ya lo sé, por eso agradezco al alcalde el gesto valiente de habérmelo ofrecido. Me han precedido personas muy ilustres y formadas con los que nunca podría compararme en esta tarea. Aunque prácticamente he pasado toda mi vida en Málaga, y uno siempre será de donde ha vivido los momentos mágicos de la infancia y las intensas sensaciones de la adolescencia. A veces cierro los ojos y sueño otros mundos que, al final, están todos en Málaga. Todo vuelve a Málaga. Por eso en todas mis canciones está Málaga, si alguien quiere escucharlas con el oído del corazón. Esta Málaga, esa ladrona de mi piel, esa Málaga que al mencionar su nombre en el firmamento se mueren de celos y al recordarla en la distancia hace que mi cielo vuelva a tener ese azul, aunque dondequiera que esté se encuentre nublado o cayendo un chaparrón.
Intento con mis canciones devolverle a Málaga lo que Málaga me ha dado, aunque siempre tendré la sensación de estar en deuda con ella porque nunca podré pagarle su cariño y su protección. Y es que aunque nos veamos rodeados de mucha gente, a veces nos sentimos solos y perdidos. Es entonces cuando recurro al amparo de los recuerdos, de mi madre, mi familia, mis amigos. y a la protección de Málaga, porque Málaga, como una diosa mediterránea y benefactora, protege a los que la quieren.
Como veis, soy muy joven y tengo mucho que aprender todavía. Por eso, en este pregón no quiero parecer más de lo que soy, ni puedo mentir ni ocultar lo que siento: sigo siendo ese chaval que pasaba sus ferias pegado a una guitarra, cantando con sus amigos, soñando con estar hoy aquí. Y hoy más que nunca, me acuerdo de todos.

Recuerdo mi primera feria; la euforia entre esos amigos, las ganas de gritar y de celebrar que éramos libres, que es tanto como decir que éramos malagueños, como dice la hermosa leyenda del escudo de la ciudad. (Málaga, la primera en el peligro de la libertad). Tengo grabado en la memoria la imagen de 12 o 13 estudiantes correteando por las calles, riéndonos de todo y contagiados de pasión por los olores de la ciudad, los olores del día y los olores de la noche, cuando se abrían los jazmines y el pelo negro de aquella niña dejaba un reguero de biznaga hasta la playa de la Malagueta, donde hubiera querido que me regalara su cintura, amarrarla a mi barca y navegar y que nos llevaran los vientos donde nos quisieran llevar.
La Feria: no se me podrá olvidar jamás el ataque de risa que me entraba cada vez que me subía a una atracción con mi hermana mayor. Quién no recuerda el beso en la noria, -besa, besa, besa, besa, besa, con un toque de ternura… y todo eso a pesar de la incómoda postura y del mareo de después. O las veces que nos hemos parado enfrente de la montaña rusa dudando si subirnos o no, muertos de risa. y de miedo.
Curiosamente ahora, cuando canto, siento un cosquilleo parecido al de ese beso en la noria, siento la misma excitación que cuando, con el pelo rapado y algunas espinillas cantaba en los conciertos benéficos y en las teterías del Centro. La feria, el Centro, la noria, la montaña rusa, los conciertos en las teterías, todo eso es un mundo prodigioso que se hace más mágico a medida que pasa el tiempo. Es una Málaga que sigue estando ahí, dentro y fuera, en la calle y en nuestros corazones, y que siempre trato de llevar a un escenario cada vez que me subo a cantar, un mundo de locas historias y cuentos vividos que siguen en mi memoria porque yo, Málaga, nunca te olvido. Por eso, para mí cantar es una forma de que Málaga esté siempre presente y de que vuelva conmigo.
Que vuelva conmigo porque Málaga es poderosa y nos contagia su fuerza protectora, como decía al principio. Málaga quiere trabajar y sabe trabajar como nadie, pero también sabe divertirse como nadie, porque esta ciudad antigua y sabia rindió siempre culto a la vida, y ahí está nuestra Feria para demostrarlo. Una Feria de fama mundial que arranca ahora aquí, sobre la arena de la playa y el rumor de unas olas que no quieren perderse la fiesta. Una fiesta que seguirá luego por todos los rincones de la ciudad, la moderna y la antigua, y el tiempo se detendrá en una gran burbuja de alegría, de pasión, de hechizo y olvido. Al cabo de unos días, el entusiasmo se dará un respiro y la añoranza de los días vividos darán paso a la espera de la Feria siguiente. Quizás en ese momento de calma y nostalgia vuelva aquí a las playas de la Malagueta llevado por la cantinela de una malagueña que decía algo así como «Málaga se va a dormir, en su cuna de coral y la velan las estrellas, no hay niña más bella mecidita sobre el mar».
Sentiré entonces la emoción de ser carne y piel de esta ciudad, sentiré que por mis venas corre el flujo de su sangre y la pasión de su gente, sentiré como nunca el orgullo de ser malagueño y renovaré el juramento de que Málaga esté presente cada vez que me suba a un escenario, allí donde mis canciones me quieran llevar.
Con este pregón empiezan unos días de fiesta pero la alegría no debe hacernos olvidar a las muchas familias que lo están pasando mal en esta crisis por la que atraviesa nuestro país y nuestra ciudad. Que esta alegría sea el testimonio de nuestra moral y nuestra solidaridad para que juntos podamos salir de ella, demostrando que los malagueños somos una piña tanto en la alegría como en la tristeza.
Pero ahora, Málaga, mi gran familia, la familia que ha hecho posible el sueño de un malagueño de 22 años, esa familia a cuyos miembros quisiera poder abrazar uno a uno fundidos en la alegría de este momento mágico, ahora, mi querida Málaga, ha llegado el momento de que la vida se abra paso en una explosión de entusiasmo, de que la ciudad enseñe su mejor cara a propios y extraños. Tenemos que mostrarle al mundo, a pesar de los tiempos que corren que gozar de la vida no es algo irresponsable sino un verdadero arte, un arte que se aprende y que los malagueños sabemos transmitir.
¡Viva la Feria! ¡Viva Málaga!

















Prueba de Sonido











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